
“Nunca falla en venir, nunca falla….siempre viene, sé que va a venir, lo he programado para que así sea, para que venga el mensaje que degrada para siempre mi esperanza, lo he programado para que se cierre la ventanita que me permite ver hacia fuera aunque esté lloviendo…lo he programado, ya sé lo que significa, pero siempre temo, temo, siempre tengo miedo del ‘awareness’, del darme cuenta, de llegar a razón de que es verdad, es verdad que la ventana está cerrada, está cerrada…”
Dió dos pasos, Maud, frágil como su nombre, oscura y descosida, como si fuera una muñeca de trapo, dió dos pasos en el puente, consciente de las miradas de los otros, consciente de que a los demás casi se les escapaba una frase para interrumpir su ritual. Dió sus dos pasos, segura de ellos, más segura de que había dado dos pasos que de que ella existía en absoluto en el mundo que creía percibir por sus párpados, por entre sus largas pestañas. Un extraño a la distancia la vió dar sus dos pasos; se conmovió un rato con la escena, miró la traslucidez y se calló antes de prorrumpir un grito medio histérico y medio paranoico. Maud dejó que todo pasara, muy segura de sus dos pasos, porque al menos de algo iba a estar segura en esta vida, por poco que durara, por mucho que atormentara. Maud no iba a dejarse engañar, no iba a dejarse mecer por corrientes discordantes y herrumbrosas de personas.
“Yo entiendo sus palabras, sus momentos, la organización de lo que tiene que hacerse y lo que no para mantener el encantamiento del tiempo, para mantener el encantamiento del engranaje social, para hacerse uno productivo, para no beneficiar sólo a uno sino a todos. Pero nada de eso me toca ya; nada de eso vale la pena, porque he dado ya mis dos pasos.”
Maud se disolvía frente al torrente de personas que pasaban. Estaba casi irreconocible, ni si quiera su novio(escogido por ella cuando andaba flotando por ahí en sopor de jugo de cerezas astrales y primaveras vividas dentro de un cuarto oscuro), ni su mejor amiga(que la ayudó a quitarse el chal un día que caía la nieve para poder sentir mejor la nostalgia del frío y que por eso le fue imposible separarse de ella), ni su hermanita menor(que de los tres era la que tenía más claridad dentro de su mente, al punto de que un día miró fijamente a Maud y le dijo que se alejara de los puentes) podrían saber quién era la extraña parada ahí por el puente, que había dado dos pasos seguros. Maud dejó a un lado las flores que había cortado esa tarde, las soltó las flores que había cortado justo esa tarde.
“No creo que existan mis pequeñas flores. Miren la ropa que me puse hoy: mi vestido negro, a la rodilla, pegado a la silueta de mi cuerpo, mis zapatos negros, de tacón alto, de fieltro forrados, ya tan desgastados por todas las caminatas que he dado con ellos, mi sombrilla gris orillada de encaje polvoso y roto, la hebra de hilo que amarré alrededor de mi muñeca, mis ojos ferozmente pintados, mi pelo suelto y despeinado, mi cara cerrada a desciframientos de otros. Nada de eso existe. Miren, el agua, mírenla corriendo, fluyendo. “
Como un fragmento que cae…Maud se separó de la corriente herrumbrosa y discordante.