Un Momento, Apenas
October 23, 2007Se despertó feliz, sabiendo que se verían, motivada a despojarse de la cama recién tomada por la promesa de su encuentro. Aguantó las clases como mejor pudo, hasta participó, para apurar al tiempo, que se dejaba apurar a medias, como mitad conmovido por la claridad y la intensidad de su deseo, y mitad perezoso, como si bostezara en la cama universal de su dimensión.
Sintió la libertad que le brindó el final de la clase como un amplio mar al que se adentraba. La música colmaba su ser, y un poco de impaciencia mantenía sus pies en movimiento. Sin embargo, estaba tan feliz, con la promesa del encuentro: sentía que volaba, y no sólamente por el aleteo insistente que llenaba su pecho, sino también por lo liviano de sus pensamientos, y lo expansivo de su alma.
Finalmente, llegó al lugar acordado. Esperó varios minutos, sosteniéndose el pecho para que no se le fuera volando, distrayéndose con sus alrededores aunque casi sin mirarlos, poniéndole trampas a su natural pesimismo para que sucumbiera a su grisácea esperanza, que cuando aparecía la consumía por completo. Y entonces sintió, desde la entrada, los pasos presurosos, la sonrisa cordialmente esbozada a guisa de saludo, la agitación de una respiración incapáz de ser ignorada (al menos para ella), y la sombra de su presencia, justo detrás de ella, que era tan definida que ella tuvo que hacer un esfuerzo para actuar sorprendida cuando él se reveló.
Ella lo abrazó, y como siempre, se sintió tan bien en ese abrazo, tan protegida, tan … amada, que por un momento decidió quedarse allí por el resto de su vida, pero calló su pensamiento con una rápida y aguda lección autodiseñada de lógica. Dieron la vuelta y se fueron.
Caminaron por unas calles tristes, transitadas por todo el mundo…ella no podía evitar hundirse en su mirada, pero intentó, con lo que le quedaba de la lección de lógica (que de rápido todavía lo tenía todo pero de agudo ya casi nada) aferrarse a flotadores inventados. Disfrutaba todo de él, sus bromas con y sobre ella, que le dijera cosas que no sabía, el roce de su piel…
Más tarde, en su habitación (que de habitación sólo tenía la cama), se asombró de que en ese pequeño espacio, en compañía de él, se acabaran sus zozobras y se quedara en la puerta la realidad, y los deberes y derechos, y todo el universo. La luz del cielo gris penetraba por unas láminas traslúcidas en el techo. Cerca de él, de su corazón que escuchaba palpitar, de la suave piel pálida que podía, con un roce, traspasarle el calor que a ella siempre le hizo falta, no tenía ninguna duda. Hizo lo que deseaba, hizo lo que le pedía todo su ser: lo besó, no una, o dos veces, lo besó con toda su alma, con todo su ser, diciéndole sin palabras, “aquí, mientras llueve afuera, mientras se queda el universo entero a la puerta de tu casa, mientras yo descanso junto a vos, soy absoluta e irrepetiblemente feliz”.
Pedacito de papel al viento,
es la mariposa bailadora.
Danza que te gira, embrujadora,
enjugando negros pensamientos.
Ido a sus colores tomo asiento,
fuera del espacio y de la hora.
Desde allí la vida se demora,
obra y gracia de su encantamiento.
Hacia el ocaso, ya hace mucho,
que yace en mi camisa oscura
su luz multicolor abierta.
Si hubo un dolor, ya no lo escucho.
Y en la fragante noche pura
Vuela la mariposa muerta.







