Hoy

November 7, 2007

Hoy caminé por las calles próximas a mi hogar. Caminé sin esperanza, bajo la suave llovizna que perlaba con sus gotitas todo lo que estuviera en contacto con ella. Caminé agobiada por los vientos, viendo las hojas viajar desencantadas por los aires.

“¿Qué sentirá alguien si después de mucho tiempo de no hablar con un entrañable amigo se da cuenta que éste ha muerto?”

Hoy no he querido nada. Bueno, quizás haya querido un poco, un poquitito de calor, que no obtuve, obviamente. El viento heló mi rostro, heló mis cabellos, y por un momento sentí el suelo desaparecer…y mi pecho, en la inmensidad, se lanzaba, ávido, hacia lo desconocido, hacia la eterna expansión…

Temo que me estoy haciendo de piedra. Espero que sólo sea hielo, para derretirme cuando haya abundancia de calor (aunque entonces lo repudiaré).

Sucumbo sin gracia o novedad a los brazos del sueño, y me dejo caer a la negrura compasiva y protectora de la inconsciencia.

La Desconocida

November 2, 2007

La conoció por una de esas extrañas casualidades que en realidad no son tan extrañas, es decir: la conoció porque su entonces novio la conocía, o más bien, sabía de sus locuras en aquella otra universidad y de vez en cuando se permitían los dos hablarse.

Antes de conocerla, ella la vió por la ventana ancha y grande del aula de dibujo. Esa aula siempre le transmitió una sensación de tranquilidad, en parte debido a la disposición de las mesas de dibujo, que aunque eran muchas había espacio entre ellas, en parte debido al montón de luz y viento que entraban por los grandes ventanales. La vió venir por la ventana, y pensó que era, en verdad, una de las niñas más bonitas que había visto en algún tiempo. Por ese tiempo, andaba ya con el espíritu roto por el inminente abandono de la que fue su musa y su compañera de juegos por la mayoría de su loca, triste y experimental adolescencia. Le dijo a su entonces novio: “Qué pintoresca es ella.” El entonces novio le respondió sin asombro: “Así son todos sus amigos.” Debió haber agregado que no se dejara engañar por eso, pero no lo hizo.

Para darle tiempo a la desconocida de llegar al aula de dibujo, se fueron a otro lado. Aunque no lo quiso reconocer, se sentía un poco nerviosa, y la desilusión y el desamparo recientes la habían hecho pensar que esta era la última oportunidad que tendría para algo que le cambiaría su vida. Estaba un poco ansiosa, y era por esos tiempos que comenzaban los vientos del fin del ciclo. Tenía las manos heladas.

Llegaron al aula de dibujo. Se sorprendió de verla con otro muchacho, pero para ese entonces no sabía de la reguera de amigos que tenía por todas partes, y de sus enredos y desprecios no intencionales. El entonces novio la fue a traer. Fue ahí, en ese momento, cuando se dió cuenta de lo que andaba puesto: un vestidito azul con florecitas de madera, un suéter negro, unas sandalias negras como de plataforma, el pelo como siempre despeinado y bastante delineador en los ojos. Se sintió bastante estúpida, pero decidió afrontarlo con una dosis de orgullo que podía terminar hiriendo al adversario, que para ese momento se acercaba hacia ella, visiblemente obligada.

El entonces novio las presentó. “Esta es G.” Tenía un nombre celestial, que aunque aparentemente no cuadraba le quedaba mejor de lo que pensaba la desconocida. La saludó. “Hola G…” pero el saludo le quedó a mitad de camino porque la desconocida no dejaba de reírse y de querer zafarse del entonces novio. “Qué te pasa?” le dijo el entonces novio a la desconocida. “Nada, es que tengo miedo” dijo entre risas. En ese momento la consideró ridícula. ¿Quién se ponía así por conocer a alguien? Ni si quiera ella misma, que estaba bastante nerviosa, muy a la expectativa, con todos los sentidos abiertos para absorber la imagen y esencia de esta desconocida que le traía su entonces novio. Pero decidió dejar la ventana abierta para que entrara si quería.

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Este trimestre en la universidad se han cumplido dos años desde que pasó ese evento. La desconocida entró por la ventana, no se sabe por qué, todavía. Compartieron cosas brevemente, pero sin duda eran cosas bastante tangibles. Aprendió de la desconocida, intentó enseñarle algunas cosas, la ayudó en lo que pudo, le pidió ayuda a la desconocida. Sin embargo, al tiempo se dió cuenta que la desconocida no era ni la mitad de lo posesiva y comprometida que era ella (pensó entonces en la musa y compañera de juegos perdida), que la amistad es para ella una especie de ambigüedad temporal que depende del encantamiento de turno que la posea, y que lo que ha cambiado en su vida ha sido el uso de algunos modismos muy propios de la desconocida y uno que otro truco para vestirse, aunque no le queden tan bien como a la desconocida.

Y ahora la desconocida ha vuelto a ser lo que era en un principio, que es precisamente eso: una desconocida, pintoresca, muy bonita, pero igual desconocida y muriéndose de la risa porque le presentaron a una muchacha demasiado seria…