At the Back of the North Wind

February 27, 2008

“Well, please, North Wind, you are so beautiful, I am quite ready to go with you.”

“You must not be ready to go with everything beautiful all at once, Diamond.”

“But what’s beautiful can’t be bad. You’re not bad, North Wind?”

“No; I’m not bad. But sometimes beautiful things grow bad by doing bad, and it takes some time for their badness to spoil their beauty. So little boys may be mistaken if they go after things because they are beautiful.”

“Well, I will go with you because you are beautiful and good too.”

“Ah, but there’s another thing, Diamond. What if I should look ugly without being bad– look ugly myself because I am making ugly things beautiful? What then?”

“I don’t quite understand you, North Wind. You tell me what then.”

“Well, I will tell you. If you see me with my face all black, don’t be frightened. If you see me flapping wings like a bat’s, as big as the whole sky, don’t be frightened. If you hear me raging ten times worse than Mrs Bill, the blacksmith’s wife–you must believe that I am doing my work. Nay, Diamond, if I change into a serpent or a tiger, you must not let go your hold on me, for my hand will never change in yours if you keep a good hold. If you keep a hold, you will know who I am all the time, even when you look at me and can’t see me the least like the North Wind. I may look something awful. Do you understand?”

“Quite well,” said little Diamond.

“Come along, then,” said North Wind, and disappeared behind the mountain of hay.

Diamond crept out of bed and followed her.

–George Macdonald

Una de las cosas que recuerdo con cariño de mis años de colegio es la biblioteca. Cualquiera pensaría que estaba llena de libros increíbles. Pues no, la verdad es que esos estantes estaban colmados de narrativa para niños cristianos descerebrados con fuerte influencia del imperialismo gringo-burgués. Sin embargo, si uno se rebuscaba bien -pero de verdad bien- se encontraba las cosas más inesperadas del mundo.

Eso me pasó un día, cuando de pronto ví un libro con una hermosa ilustración de una mujer con largo cabello oscuro y un niñito rubio y frágil. Inmediatamente quedé cautivada. Me acerqué y tomé el libro en mis manos. Se trataba de At the Back of the North Wind, de George Macdonald, un hermoso libro para niños ilustrado por Jessie Wilcox Smith. Debo admitir que si no hubiera sido por esas ilustraciones, probablemente no hubiera encontrado el libro.

La historia narra las aventuras de un niño pequeño, Diamond, cuyo padre es cochero y tiene un caballo que también se llama Diamond, y el Viento Norte, representado por una hermosa mujer de larga cabellera oscura. El Viento Norte es un ser que cambia de forma constantemente: a veces es una serpiente, a veces es un tigre, a veces es muy grande, a veces es pequeña. El Viento Norte a veces hace cosas terribles, como hundir un barco, pero también le enseña a Diamond lecciones que el aplica en su vida. Finalmente, Diamond se va con el Viento Norte.

Este libro es realmente hermoso. Sin embargo, este precioso ejemplar no pudo ser robado–
eehmm, perdón, rescatado por mí de las garras de la fea biblioteca de mi colegio. ¿Por qué rescatado? Porque sé que nadie ahí le pondrá atención a este hermoso libro, pasará terriblemente desapercibido por las generaciones fatuas que continuarán en ese colegio. Es una pena.

Transición

February 21, 2008

Nunca quiso admitir que le daba “no sé qué” cuando miraba las fotos de ella en otros países lejanos. Tampoco consintió en llamar “celos” al odio que sentía por los muchachos neófitos que adoraban musas demasiado flacas, demasiado pálidas y demasiado normales (es decir, musas que no merecían el estatus, que sólamente lo poseían por la existencia de sus adoradores). Nunca dijo, claramente, que después de tanto tiempo y tantas injurias, todavía recordaba aquellos pequeños y clandestinos roces en cierta ciudad costeña, con recelo, por supuesto.

Odiaba pensar en estas cosas. Sin embargo, aquél día no pudo evitarlo. Todo, el tiempo, el clima, las conversaciones, la disposición de su ánimo, se habían confabulado para hacerla recordar. Hacerla recordar que ahora era imposible que la navecilla que partió hacia las lejanías desconocidas volviera y la deshiciera en uno de esos abrazos que ahora no existen. Hacerla recordar que la musa falsa que la había decepcionado no tenía más que sacar de su bolsa de juguetes otro juguete que la reemplazara, y que en efecto eso había hecho. Hacerla recordar que ella no tenía las propiedades para musa, y nunca podría, por más que intentara, atraer al muchacho neófito, porque éste lo que quería era una linda imagen y no nada de lo que ella pudiera ofrecerle. Hacerla recordar que aquellos roces pasados y posiblemente mil veces olvidados eran PURA IMAGINACIÓN, UN VIL TRUCO QUE SU MENTE LE HABÍA JUGADO, y que nunca volverían.

“¿Y qué?”, se dijo, al recordar. “¿Qué importa que ya no estén? Es el curso de las cosas. No volverán, no volveré yo tampoco. Seguiré mi camino, el único acompañante, el único constante. Por última vez contemplo los recuerdos; esta vez la despedida no vendrá con tantos adornos.”

Adiós.

Callada.

February 11, 2008

Ya no sé qué hacer con este camino que me lleva hacia el ocaso.

¿Qué hace la gente? Se retira.

¿Puedo retirarme yo? No, no puedo.

Esta nostalgia me está matando. Nada me ha pasado. ¿Por qué parezco caja de resonancia, amplificando melancolías ajenas?

Me dijo un amigo que si uno tiene techo, comida y vestido no hay de qué preocuparse, hay que ser feliz.

La felicidad no es comer, ni dormir, ni vestirse.

Dicen que no tiene uno que complicarse demasiado. No sé si esto será complicación, pero nada es suficiente para mí.

Algo obstruye mi respiración. Algo obstruye mi desdoblamiento.

Estoy callada desde hace tanto tiempo. El silencio es….tan ruidoso. (Ustedes…¿cómo podrían saberlo ustedes? ¿O acaso pueden? ¿Por qué no dicen nada entonces?)

Es un río, que se manifiesta siempre con su usual sonido, nunca con su imagen, nunca tangible.

Me dijo que jugara y nunca salió a jugar.

Alla n o h a y n a d a d e n a d a .

Vos y Yo

¿Recordás todavía quiénes éramos antes?

Sí. ¿Qué querés ahora?

Nada. Y ahora…¿quiénes somos?

Somos iguales. No…somos mejores. Es otra etapa, simplemente.

No me siento mejor.

Sólo es otra etapa. Ya, calmate.

Otra etapa…

Despertar a lo Irreversible

Era obvio que los destrozos habían alcanzado su máximo nivel. La entropía, ayudada de sus acciones, reinaba sobre todo aquello que antes la había desafiado rebelde y altaneramente. Todo estaba en el grado más alto de desorden, todo moría.

Lo había esperado. Aún cuando hablaba de burlar el inevitable destino, cuando su actitud irradiaba confianza en que sería capaz de persistir hasta el final, esperaba que todo cayera, tarde o temprano. Así eran las cosas, y sea como sea todo iba a irse al infierno, en dos meses o dos años o dos siglos.

Sin embargo, presenciando el último suspiro de lo impresenciable, viendo cómo la más fina hoja se deshacía sin remedio, se preguntó por qué demonios no había creído de verdad que era posible hacerle frente al final y vencerlo. ¿Por qué se dejó caer al principio? ¿Por qué se saboteó conscientemente? ¿Por qué no creyó su propia doctrina, y por qué, al fin y al cabo, fue responsable del fin?

Sintió lo que había sentido al principio, sintió que todo aquello era imprescindible para su existencia. Vió que era inútil sentirse así, ya todo había terminado, todo había muerto.

“¡No! ¡No! ¡Todavía hay remedio! ¡Todavía es posible!”

Pero los gritos no se escucharon nunca, y el destino permaneció inmutable.

Hilada Rememoración en el Desvelo o Pequeñas Recriminaciones sobre Ofrecimientos Pasados

February 10, 2008

Hace mucho que no recordaba la sensación que me brindaba su estética nevada (es obvio que tal comparación sería insultante, pero en fin, ¿cuál de mis palabras no lo es ahora para tí?), mitad de adormecimiento complacido, mitad callada admiración, o enamoramiento, si quieren. Sin embargo, caminé otras vez por sus campos tan llenos de blanco (o campos vacíos, quizá), y el chorro de nostalgia me dejó impregnada otra vez aquella esencia alba y fría.

[Se calla–
deja el vaso medio vacío.
Deja caer una guitarra,
se pone un sombrero,
espanta los miedos
y otros estorbos menores
(como recuerdos de gente que ya se le olvidó).]

La ironía es una droga que acompaña a los mejor afortunados, es decir, los que eluden ciertas veleidades propias de géneros más destituidos. Por lo general, el deseo guía ambas partes del conflicto, haciendo las contiendas un compromiso más interesante por todo eso de las diferencias (ninguna muy significativa) y los ataques físicos (cada quien tiene su estilo de combate).

Es demasiado fácil culpar al compañero cuando el adversario te ha curado.

[Mi mente
figuró los pensamientos
de manera que tus intenciones
muy sutilmente re-expresadas
no constituyeran una mancha de suela de zapato
colocada muy inconvenientemente.

Pero ya ves, desde hace algún tiempo
tengo marea interna
y ya no me importa a dónde me paro
para evadir la resaca
de un mar que se oscurece a intervalos cada vez más pequeños.]

La Femme des Cheveux Rouges

Premiere Stade: La Femme se Perd aux Environs

Seconde Stade: La Femme s’Estompe

Troizième Stade: La Femme se Repète Elle Même

Quatrième Stade: La Femme a l’Air très Frêle

Cinquième Stade: La Femme se Contrefait

Sixième Stade: La Femme Dort entre ses Ombres

Septième Stade: La Femme Meurt

Huitième Stade: Le Paradis est Perdu

EL PARAÍSO ESTÁ PERDIDO.