Riding in Cars with Me
August 23, 2008Me gusta manejar. Cuando empezaba me daba miedo, sentía este gigante esqueleto externo, una armazón tosca y torpe que podía desencadenar una terrible destrucción y la muerte de muchos. Tenía miedo, dudaba, no estaba cómoda. Quería salir del carro, dejar que otros manejaran por mí, ir simplemente viendo el paisaje, aunque tuviera que adaptarme a condiciones que no me gustaran o que no apreciara.
Perdí el miedo. Empecé a experimentar la agradable sensación de desplazarme, yo sola, a mi propio ritmo, con mi propia música, a mi propio tiempo. Ya no tuve miedo de abrir las ventanas y dejar el aire meterse por todos lados. Ya no tuve miedo de presionar con mi pie el pedal y acelerar. Más rápido, más viento. Menos tiempo, menos necesidad de expresar en pensamientos conscientes lo que ocultaba mi carne y mi luz. Más rápido, más!
No necesito amor, palabras dichas en confidencia u oscuridades en casas ajenas; tengo mi carro, plateado y golpeado, imperfecto y perfecto, que corre y que vuela sin problemas o resquemores de pasados inútiles, y de vez en cuando una piel extraña junto a la mía. NO necesito abstracciones acompañadas de emociones; tengo metales, motores y tuercas, y mi piel suave que es dura, en realidad.
Y tal vez un día, quién sabe cuando, tendré un final muy a lo James Dean: mi carro y yo vamos a volar, diciendo siempre: más rápido, más!

